Sí. A veces. Y casi nadie lo pregunta antes de pegar el contrato de un cliente en un chat.

El 26 de octubre, Brown University presentó un mapa de la cadena humana que hay detrás de la IA. Lo ha hecho Cunyan Ma, estudiante del centro de responsabilidad tecnológica que dirige el profesor Suresh Venkatasubramanian. El mapa enlaza 13 empresas de etiquetado de datos con 141 clientes corporativos y con centros de trabajo en 31 países. Ahí aparecen Centific, Sama, TaskUs o Innodata. Y, como clientes, OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft y Meta. También Wolters Kluwer y Deloitte.

Ese mapa no prueba que los datos de tus clientes acaben en Kenia o en Filipinas. El etiquetado sirve para entrenar modelos. No es lo mismo que alguien lea tus conversaciones. Pero el mapa sí demuestra una cosa: detrás de la máquina hay personas, muchas, en muchos países, y la cadena no se ve.

Así que hice la pregunta que importa a un despacho: ¿quién puede leer lo que yo subo? He leído las condiciones de los cuatro grandes. Esto es lo que dicen.

Google Gemini, versión de consumo: el caso más grave

Google lo dice sin rodeos. Revisores humanos, incluidos revisores de sus proveedores de servicios, leen parte de los chats para mejorar el servicio. Los chats revisados se desvinculan de tu cuenta y se guardan hasta tres años. Y no se borran aunque borres tu actividad.

Google añade un consejo: si tienes activada la actividad, no metas información confidencial ni nada que no quieras que vea un revisor.

Para un abogado, la conclusión es simple. La versión de consumo de Gemini no es para datos de clientes.

OpenAI: ChatGPT Business, Enterprise y API

OpenAI no entrena con tus datos por defecto en sus planes de empresa. Eso es lo bueno.

Pero sus condiciones dicen quién puede acceder a tus conversaciones. Por un lado, empleados autorizados, para soporte técnico, investigar abusos y cumplir la ley. Por otro, «contratistas terceros especializados», sujetos a confidencialidad y seguridad, solo para revisar abusos y usos indebidos.

Es decir: hay personas ajenas a OpenAI que pueden ver lo que escribes. Con un fin limitado y con obligaciones. Pero existen. Y OpenAI no dice en esa página quiénes son ni dónde trabajan.

Microsoft: Azure OpenAI y Foundry

Microsoft es el más detallado. Su sistema analiza las peticiones y respuestas para detectar abusos. Por defecto, esa revisión la hace una máquina. Solo si la máquina no llega a un nivel de confianza suficiente, entra una persona.

Esa persona es un empleado autorizado de Microsoft, con estaciones de acceso seguro y permiso puntual aprobado por su responsable. Y en los despliegues del Espacio Económico Europeo, ese personal está en el EEE.

Además, se puede pedir que no haya revisión humana. Microsoft lo llama «modified abuse monitoring» y lo pensó para datos muy sensibles o confidenciales. Pero no es un interruptor. Es una solicitud que Microsoft tiene que aprobar.

Anthropic: API y productos comerciales

Anthropic borra las entradas y salidas a los 30 días, salvo excepciones. Si su sistema automático marca algo como posible abuso, guarda el contenido hasta dos años y las puntuaciones de clasificación hasta siete. También puede conservar datos cuando lo exija la ley.

Lo que la página no dice es quién revisa lo marcado ni si interviene un tercero. Eso hay que preguntarlo.

Copilot y las herramientas jurídicas: no lo sé todavía

Microsoft 365 Copilot, Harvey, Lexis+ AI, Karnov o las soluciones de Wolters Kluwer. No he encontrado condiciones públicas suficientes para saber si su personal o el de sus subencargados lee tus consultas.

Que no lo encuentre no significa que no ocurra. Significa que hay que pedírselo por escrito antes de contratar.

Los otros ojos, con cualquier proveedor

La revisión de abusos no es el único acceso humano posible. Hay más, y valen para cualquier proveedor:

  • El soporte técnico, cuando abres una incidencia.
  • Un incidente de seguridad.
  • Una orden de una autoridad.
  • Los conectores y complementos de terceros que activas sin leer.
  • Las cuentas de empleados mal configuradas.
  • Los datos que se conservan después de que tú los borres.

Y esto no es exclusivo de la IA. El correo, la nube, la transcripción o la gestión documental pueden tener accesos parecidos. La IA solo lo ha hecho visible.

Por qué importa a un despacho

El secreto profesional no admite la excusa «no sabía que alguien lo podía leer». Si subes datos de un cliente a una herramienta, eliges a quién se los enseñas. Aunque sea de forma remota y con un fin limitado.

Y el RGPD pide lo mismo por otra vía. Quien trata datos por tu cuenta es un encargado. Sus subencargados necesitan tu autorización. Si los datos salen del EEE, la transferencia necesita una base válida. No puedes cumplir nada de eso si no sabes quién está en la cadena.

Qué hacer

  1. No uses versiones de consumo ni cuentas personales con datos de clientes. Nunca.
  2. Contrata solo planes de empresa con contrato de encargo de tratamiento (DPA) y región UE/EEE. Donde exista, pide la exención de revisión humana.
  3. Exige la lista nominal de subencargados, con país y función.
  4. Minimiza o anonimiza antes de enviar. Deja fuera los datos penales y de salud.
  5. Haz estas preguntas al proveedor, por escrito, antes de firmar:
    • ¿Quién puede ver mis datos: empleados, contratistas o ambos?
    • ¿Desde qué países?
    • ¿Con qué fin y con qué controles de acceso?
    • ¿Cuánto tiempo se guardan, también después de que yo los borre?
    • ¿Puedo pedir que no haya revisión humana?

La IA no tiene ojos. Las empresas que la venden, sí. Tienes derecho a saber cuáles.

Información general a 27 de octubre de 2026, basada en las condiciones publicadas por cada proveedor. No es asesoramiento jurídico. Las condiciones cambian según el plan, la configuración y la región.

Fuentes

Texto de Roberto Ortega, elaborado con asistencia editorial de IA. Las versiones noruega e inglesa son adaptaciones editoriales del original español.