Escribes al asistente de IA de tu compañía de telefonía por un cargo que no entiendes en la factura. Responde al instante, con una cortesía impecable: te explica cómo leer una factura y te recomienda reiniciar el router. No puede ver ni corregir el cargo, pero quiere saber si necesitas algo más. Escribes: «Quiero hablar con una persona».
Has escrito para resolver un problema y ahora tienes dos: el original y conseguir que alguien te atienda.
Creo que esa escena resume uno de los errores más tentadores al introducir inteligencia artificial en una empresa. Ponerla justo delante del cliente. Es lo visible. Se puede enseñar en una reunión, colocar en la web y anunciar como innovación. Mientras tanto, detrás de ese asistente pueden seguir los mismos procesos lentos y las mismas personas desbordadas.
Mi propuesta es empezar por ahí. Por dentro. Por el trabajo que se come el tiempo de quien debería estar atendiendo al cliente.
La trastienda merece la primera inversión
Antes de poner una máquina a contestar, miraría qué impide contestar bien a las personas. El presupuesto que exige buscar precios en varios archivos. La documentación que llega desordenada. El expediente cuyo estado hay que reconstruir leyendo correos. La agenda, los recordatorios y el seguimiento que siempre quedan para después.
Cada una de esas tareas compite con una conversación pendiente. El cliente espera mientras alguien encuentra el documento, comprueba qué falta o averigua quién tenía que dar el siguiente paso.
Ahí pondría la IA: a preparar información, ordenar documentación y dejar borradores listos para revisar. Empezaría por un proceso concreto y comprobaría cuánto trabajo ahorra de verdad. Es la idea de dimensionar la IA a partir de los procesos: elegir el trabajo que necesita mejorar antes de elegir la herramienta que vamos a enseñar.
También cambiaría la medida del éxito. Me interesaría saber si un presupuesto llega antes, si una llamada se devuelve a tiempo o si quien atiende tiene el asunto preparado. Una ventana que responde al instante puede dejar intacta toda la espera que viene después.
Lo que falla en esa compañía está detrás del chat: el historial, el origen del cargo y la posibilidad de corregirlo siguen sin estar a mano. La IA por dentro podría reunir esa información y preparar el caso para que una persona lo resolviera en un minuto.
El cliente quiere hablar con su abogado
Pensemos en un despacho. Una persona llega preocupada por su asunto. Quiere explicar qué ha pasado, entender sus opciones y saber qué viene ahora. Quiere hablar con su abogado. Puede rellenar un formulario para facilitar unos datos, pero ese formulario no debería convertirse en la relación.
El abogado necesita llegar preparado a esa conversación. Tener los documentos localizados, una cronología clara y las gestiones pendientes a la vista. Si ha dedicado la mañana a reunir todo eso, la atención al cliente tendrá que disputarse el tiempo que queda.
Imagino un despacho que organiza ese trabajo con ayuda de IA: prepara la documentación, propone un resumen para comprobarlo y reúne lo necesario antes de la reunión. El abogado revisa, decide y habla con el cliente. Esa es una razón para pensar en el despacho como sistema productivo: lo que ocurre antes de la conversación determina cuánto puede aportar quien se sienta a escuchar.
Una investigación ofrece un ejemplo concreto de esa ayuda. En Generative AI at Work, publicado en 2025, los autores estudiaron un asistente utilizado por personal de atención al cliente de una empresa de software. Con ese apoyo, las consultas resueltas por hora aumentaron un 15 % de media. La IA sugería respuestas; los trabajadores conservaban la conversación y podían modificar o descartar las sugerencias. 1
Ese reparto me interesa. La máquina ayuda a preparar la respuesta. La persona sigue al otro lado.
El tiempo liberado tiene que llegar al cliente
Hay una decisión empresarial detrás de todo esto. Ahorrar tiempo abre una posibilidad; hay que decidir aprovecharla para atender mejor. Si cada minuto recuperado se llena de nuevas tareas, la persona seguirá hablando con prisa.
Yo reservaría parte de ese tiempo para escuchar. Para devolver una llamada antes de que el cliente tenga que insistir. Para explicar algo difícil sin mirar el reloj. Para hacer seguimiento de un asunto aunque nadie haya enviado todavía un recordatorio.
Esa atención también puede ser una ventaja competitiva. En un mercado donde hablar con alguien exige superar pantallas y respuestas automáticas, ofrecer una persona preparada y accesible puede convertirse en una razón para elegir una empresa y quedarse en ella.
La pequeña empresa tiene aquí una oportunidad. Puede utilizar la IA para ganar capacidad interna y conservar la cercanía que la distingue. Es una aplicación de la paradoja del tamaño: quien conoce el problema y puede decidir tiene margen para cambiar la forma de trabajar. Yo aprovecharía ese margen para que el cliente reciba más atención.
Además, creo que obligar a la gente a pelearse con un bot es una pésima manera de presentarle la inteligencia artificial. Si su contacto con ella consiste en encontrar otro obstáculo cuando necesita ayuda, será difícil que la asocie con una mejora. En la brecha que puede abrir el rechazo a la IA, planteo el coste de apartarse de esta tecnología. Las empresas pueden contribuir a ese rechazo con la forma en que la utilizan.
También pueden ofrecer una experiencia mucho mejor: alguien que responde con el asunto estudiado, cumple lo acordado y tiene tiempo para una pregunta más.
Ese es el uso de la IA que defendería como prioridad. Que quite trabajo de encima a las personas para que puedan hacer mejor lo que el cliente espera de ellas.
Una empresa puede automatizar muchísimo y resultar más cercana que antes. Para conseguirlo tiene que decidir dónde pone las máquinas y para qué quiere el tiempo que ganan.
De puertas para dentro, máquinas que trabajan. De puertas para fuera, personas que atienden a personas.
Fuentes
- Erik Brynjolfsson, Danielle Li y Lindsey Raymond, Generative AI at Work, The Quarterly Journal of Economics, 140(2), 2025, pp. 889–942. Publicación abierta del 4 de febrero de 2025. El 15 % corresponde al promedio de consultas resueltas por hora en la empresa estudiada.
Fuente consultada el 21 de octubre de 2026. Los ejemplos son ilustrativos; la prioridad empresarial y la ventaja de la atención personal expresan la opinión del autor.
Texto de Roberto Ortega, elaborado con asistencia editorial de IA. Las versiones noruega e inglesa son adaptaciones editoriales del original español.
