Antes de tener un bot tuve muchas pruebas fallidas. Trasteé, me equivoqué y volví a empezar más veces de las que me apetece contar. Así funciona aprender haciendo: avanzas a base de errores.
Al final di con Hermes Agent, una herramienta para crear tus propios agentes de inteligencia artificial. La descargué, la instalé y creé mi primer bot: Alonides 1.
Primera parada: Signal
Lo puse primero en Signal. Lo elegí por la voz: quería hablar con mi asistente, no solo escribirle, y me parecía el camino para conseguirlo.
No salió bien. Era difícil de configurar y, cuando por fin funcionaba, no lo hacía como yo quería. El primer bot existía, pero aún no se parecía a la idea que tenía en la cabeza.
Primera lección: la herramienta perfecta en teoría tiene que funcionar también en el día a día.
Telegram: el sitio donde se queda
Así que volví a Telegram. Y ahí se quedó, porque reúne casi todo lo que necesitaba:
- Es muy fácil de usar. Hablo con mis bots como con cualquier contacto.
- Da mucho control sobre los bots.
- Funciona en el móvil y en el ordenador. La conversación me acompaña.
- Recibe multimedia: fotos, audios y documentos.
- Puedo ajustar cómo uso mis bots. Ese control me interesa.
- Permite chats de grupo con varios bots. Doy instrucciones a la vez y coordino equipos de distintos proyectos.
Esa última función todavía no la usaba al principio. Pero acabaría siendo una de las piezas clave de La Machina.
El taller estaba en el ordenador
Aunque hablaba con el bot por Telegram, el trabajo de verdad lo hacía en el ordenador. Allí empecé a hacer algo que lo cambió todo: clonar bots.
Yo copiaba la configuración de un bot para preparar otro. A partir de ahí cambiaba la copia, la probaba y la comparaba con el original. Yo creaba bots, los duplicaba y les daba distintas habilidades. Hermes las llama skills: instrucciones y procedimientos para hacer bien un tipo de tarea.
También probaba distintas formas de organizarse. No bastaba con que el bot supiera hacer cosas. Tenía que poder llevar varias tareas complejas a la vez sin dejar de atenderme: que, mientras trabajaba, siguiera escuchando lo que yo le decía.
Ese equilibrio era lo difícil. Un bot que hace mucho y no te escucha no sirve. Uno que te escucha y no hace nada, tampoco.
Libertad total… y trabajo total
Hermes me parece una herramienta fantástica por su flexibilidad. Me deja configurar agentes, conectarlos con otras aplicaciones y montar flujos de trabajo para tareas complejas.
Pero esa flexibilidad es también, quizá, su problema. Tienes que configurarlo tú todo. Nadie te lo deja montado.
| Lo bueno de Hermes | Lo exigente de Hermes |
|---|---|
| Puedes configurar tu sistema de agentes | Tienes que diseñarlo tú |
| Se conecta con otras aplicaciones | Cada conexión hay que configurarla |
| Permite flujos para tareas muy complejas | Hay que pensar bien cada flujo |
Lo bueno es que no lo haces solo. Puedes configurarlo con tus propias IA y aprender por el camino. Yo pedía ayuda a la IA para entender cada pieza, la probaba y, cuando algo fallaba, volvía a preguntar. Cada error me enseñaba algo nuevo sobre cómo funciona un bot por dentro.
Lo que me llevé de esta etapa
- Elegir la plataforma por lo que funciona en el día a día, no por lo que promete.
- Telegram como puerta de entrada y el ordenador como taller.
- Clonar me permite probar cambios y conservar la versión que funciona.
- Un buen bot hace muchas cosas y sigue escuchándote.
- Con Hermes he aprendido configurando, probando y corrigiendo.
Alonides 1 fue el principio. A fuerza de copiarlo, cambiarlo y quedarme con lo que funcionaba, empezó a evolucionar. El siguiente episodio cuenta cómo la máquina empezó a crecer.
La Machina en este episodio
Hito: mi primer bot, Alonides 1, en Hermes Agent.
Lo que falló: Signal, difícil de configurar para lo que yo buscaba.
Lo que funcionó: Telegram para hablar y el ordenador para clonar y entrenar.
Qué viene: la máquina empieza a crecer.
Texto de Roberto Ortega, editado con asistencia de IA. Las versiones noruega e inglesa se han adaptado con asistencia de IA.
