Tenía que preparar una presentación para mis compañeros de REDE Advokater sobre algunos conceptos básicos de inteligencia artificial.
No tenía diapositivas, ni un guion cerrado, ni había decidido qué programa utilizar. Tenía una idea: explicar la IA imaginando que incorporábamos al despacho a una compañera virtual llamada Eva.
Aproximadamente una hora y media después, aquella idea se había convertido en una presentación con estructura, diseño, imágenes creadas para ella, capturas de la aplicación, un pequeño vídeo y una versión online que podía compartirse mediante un enlace.
Dirigí prácticamente todo el proceso desde el teléfono móvil.
No fue pulsar un botón y recibir una presentación perfecta. Fue conversar, examinar propuestas, descartar algunas, corregir otras y decidir cuándo el resultado estaba listo.
Creo que podemos llamar a esa forma de trabajar vibe working.
1. Primero la idea; después las diapositivas
El vibe coding popularizó una manera de construir software mediante conversación y pruebas: explicar lo que queremos, recibir una primera versión, probarla y seguir corrigiendo.
Ese patrón también puede servir para preparar una presentación. Pero empezar a producir antes de ordenar las ideas puede generar veinte diapositivas bonitas que expliquen mal lo importante.
Por eso no empecé pidiendo un PowerPoint. Empecé explicando qué quería que mis compañeros entendieran.
Eva nos ayudaría a distinguir los componentes de un sistema de IA. El modelo representaría aproximadamente su capacidad intelectual. El contexto sería su mesa de trabajo. Los documentos y fuentes accesibles formarían su archivo. Las herramientas serían los medios que podría utilizar, y los permisos, las llaves que determinarían dónde podía entrar y qué podía hacer.
El profesional seguiría definiendo el encargo, revisando los resultados y tomando las decisiones relevantes.
La metáfora todavía estaba incompleta. ChatGPT me ayudó a separar conceptos que inicialmente había mezclado: modelo, esfuerzo de razonamiento, contexto, archivo, herramientas, instrucciones y agentes.
Solo cuando la explicación empezó a tener sentido pasamos al diseño.
Una instrucción inicial podría ser:
Tengo que explicar [tema] a [audiencia] en [tiempo]. Quiero que al terminar comprendan [idea] y puedan hacer [acción]. Esta es mi propuesta inicial: […]. Antes de crear diapositivas, ayúdame a ordenar la explicación y señala qué está confuso.
2. Qué herramientas utilicé
La herramienta principal fue ChatGPT: discutir la idea, estructurar la presentación, revisar conceptos, preparar diapositivas y generar e integrar materiales.
La web de REDE Advokater sirvió como referencia visual. En lugar de describir desde cero colores y estilo, indiqué una representación existente de la identidad del despacho.
Utilicé Gemini para generar un pequeño vídeo de Eva moviéndose y saludando.
Google Slides terminó siendo el formato final. Inicialmente pensaba en recibir un PowerPoint, pero después concreté otra necesidad: quería abrir la presentación online y compartirla mediante un enlace. Tenía una cuenta de Google y descubrí durante el proceso que su herramienta de presentaciones resolvía ese problema.
No necesitaba conocer todas las aplicaciones antes de empezar. Necesitaba saber qué quería conseguir.
Eso no significa que cualquier cuenta permita reproducir exactamente el mismo proceso. Conviene comprobar qué funciones tienes disponibles, qué aplicaciones están conectadas y qué pasos tendrás que realizar personalmente.
3. Construir mirando y corrigiendo
Una vez aprobada la estructura apareció el primer borrador.
Entonces empezaron las instrucciones normales:
«Estas imágenes no me convencen.»
«Quiero algo más realista.»
«Haz que Eva sea un holograma.»
«Esta versión me gusta, pero recupera el estilo de la anterior.»
No hubo un prompt perfecto capaz de describir de antemano el resultado final. Cada propuesta me ayudaba a entender mejor qué quería.
Con Eva ocurrió precisamente eso. Una versión tenía una expresión que me gustaba; otra encajaba mejor con la presentación. Fuimos corrigiendo hasta encontrar una imagen que funcionaba. No la había imaginado con precisión: la reconocí cuando empezó a aparecer.
Pero la presentación no podía quedarse en una metáfora. Si explicábamos que se podía elegir un modelo o ajustar su esfuerzo de razonamiento, convenía mostrar dónde se hacía. Por eso incorporamos capturas reales de la aplicación.
Primero el concepto. Después el botón.
También utilizamos aproximaciones en folios para explicar magnitudes expresadas en tokens, dejando claras sus limitaciones: no existe una equivalencia exacta y una ventana de contexto no es memoria permanente.
Finalmente, quise que Eva saludara. Generé el vídeo con Gemini y lo incorporamos al conjunto.
El centro del trabajo no era una aplicación concreta. Era la presentación.
4. Desde el móvil, pero con revisión
Durante aproximadamente una hora y media se sucedieron propuestas, modificaciones e integración de materiales. Es el tiempo de esta experiencia, no una promesa para cualquier presentación.
Yo no estuve permanentemente ante un ordenador.
Recibía un aviso, abría el resultado, lo revisaba y respondía. Después podía continuar con otra cosa mientras el trabajo avanzaba.
El teléfono era mi puesto de dirección. Eso no significa que todo se ejecutara dentro del móvil, sino que podía intervenir sin permanecer delante del equipo que realizaba cada operación.
Mi atención se concentraba en las decisiones.
Pero delegar la producción no elimina la revisión. Una presentación puede tener un diseño excelente y contener una cifra equivocada. Una metáfora puede resultar memorable y explicar mal el concepto.
Por eso me gusta esta regla:
Vibe para construir; método para cerrar.
Antes de utilizar la presentación había que revisar las explicaciones, comprobar cifras y fuentes, leer el conjunto y verificar que imágenes, vídeo y enlaces funcionaban.
También se puede encargar una revisión crítica a otra IA. No para iniciar un ping-pong infinito entre modelos, sino para obtener observaciones que después valoraremos nosotros.
La decisión final sigue siendo humana: ¿estoy dispuesto a utilizar este trabajo como propio?
5. Una receta para probarlo tú
Elige una presentación interna breve sobre un tema que conozcas bien. Para empezar, utiliza información pública o artificial.
- Define el resultado: para quién es, cuánto durará y qué debe conseguir.
- Explica tu idea: aunque todavía esté desordenada.
- Revisa la estructura: antes de producir todas las diapositivas.
- Pide un borrador: úsalo para descubrir qué funciona y qué falta.
- Corrige con instrucciones concretas: texto, imágenes, orden y nivel de detalle.
- Comprueba antes de entregar: contenido, fuentes, legibilidad y funcionamiento.
Mide también el tiempo dedicado a corregir, no solo la rapidez del primer borrador.
Mientras preparaba aquella presentación comprendí que el propio proceso ilustraba lo que quería explicar: dejar de ejecutar personalmente cada tarea no significa dejar de trabajar.
Mi función había sido definir, seleccionar, corregir y aprobar.
Tal vez ésa sea la esencia del vibe working profesional: aprovechar la capacidad de producción de la IA sin delegar en ella el criterio ni la responsabilidad sobre el resultado.
Texto de Roberto Ortega, elaborado con asistencia editorial de IA. Las versiones noruega e inglesa son adaptaciones editoriales del original español.
